Llegas a casa, tu fuerte. Vives sola en un apartamento inteligente de protección oficial para personas jóvenes. Viniste a la ciudad para estudiar en la universidad, lejos de tu familia (en muchos sentidos). Te inscribiste en un programa del Gobierno para conseguir una vivienda digna, gracias al cual puedes pagar con tus datos una parte del alquiler reducido. Y es que el Gobierno necesita datos del modo de vida de la juventud, y esta necesita oportunidades para emanciparse. Te parece un buen trato. Sólo das algunos datos concretos, nada demasiado íntimo.

Al entrar en casa, Hestia te da la bienvenida con su voz dulce. Te dice que la comida está preparada y sientes el abrazo de la tecnología.

Gracias a tu trabajo, crees que has aprendido a usar las inteligencias artificiales en beneficio tuyo y de la humanidad. A ti no te pasará como a las personas en tratamiento que ves en el centro, la tecnología no te va a destruir. La llamada Smart Depression sólo afecta a personas con un tipo concreto de vulnerabilidad, no a ti. Has leído las últimas investigaciones que están haciendo conjuntamente humanos e inteligencias artificiales donde exploran cuál puede ser esa vulnerabilidad y cómo se puede prevenir. Aún no hay respuestas definitivas, pero los síntomas se conocen muy bien, y tú no has sentido ninguno de ellos nunca.

Comes y te tumbas en el sofá. Hestia pone una iluminación relajante, propaga aromas de lavanda y hierbaluisa y reproduce música creada para ti. Estás en el paraíso.

«Según los sensores de tus emociones e indicadores vitales, tu riesgo de aislamiento es alto” dice Hestia. “Es un buen momento para usar LoveOne. ¿Quieres abrirlo?».