Sales de la habitación y te diriges a la entrada donde están todos los cuadros inteligentes. Vas pestaña por pestaña: consumo energético, gestión de residuos, abastecimiento de comida,… hasta llegar a “ajustes generales”, y ahí está: “apagar casa”. Pinchas. Un suspiro y una sensación de descompresión.

Alma valiente, ¿pensar en un futuro sobre-tecnológico te produce ansiedad? ¿tienes tanto autocontrol como para no enloquecer en la hora de los lobos? Ni el mismisimo Dalai Lama se libra de las oscuridades más oscuras. ¿Por qué niegas un poco de ayuda de tu robot de confianza?