Como era de esperar, Jo te responde con empatía y suavidad que lo entiende, y que ahí está para lo que necesites. Su gesto de humanidad te confunde aún más, sientes que tu grieta interior se hace más grande.

El viernes al llegar a casa del trabajo, te metes directamente en la cama, el peso del cuerpo no te deja ni calentarte la comida. Te despierta el timbre de casa. Está anocheciendo, estás confusa, te sientes completamente agotada. Coges tu dispositivo para ver la imagen de la cámara de la puerta: son Alex y Noa. Vas como puedes a abrir la puerta. Te saludan con un abrazo y automáticamente te echas a llorar.

Aquí estamos, te dicen. No te dejaremos sola.